Un invento que está en a las puertas de llevarse a cabo y comercializarse en unos años, después de muchos años de investigación. Con ello nos libraremos de tener que podar arboles para leer libros y periódicos y el coste final será más barato. Con ello nos estamos acercando a la realidad y no a la ciencia-ficción, ya que en el año anterior científicos de Cambridge han desvelado y sacado en los medios una pantalla muy delgada y flexible que despliega tinta electrónica.

En un principio se está trabajando con grosores que todavía no se pueden doblar ni enrrollar de buenas maneras. Pero ya hay empresas como E Ink y Epson que están trabajando con finas laminas de un grosores finos, menores de 0,3 milimetros. La compañía japonesa se encuentra desarrollando un papel electrónico que se puede enrollar y doblar, y quiere que sea el sustituto de los periódicos tradicionales y las revistas. Se cree que puede ser una realidad en unos 5 años. Los pliegos de papel electrónico serán delgadas pantallas con los bordes de plástico, de un grosor de 0,2 milímetros. Seiko Epson quiere conseguir que estos pliegos en formato A4 duren entre uno y varios meses antes de que se hagan inservibles. Con lo que nos parece en principio un poco caros, ya que una página vendría costar unos 77 euros. Aunque se podrán doblar, el papel electrónico se degrada cuanto más se doble, ya que está compuesto por películas orgánicas de transistores y compuestos flexibles. Se compone de dos partes:
Una parte frontal se conecta de acuerdo con las señales electrónicas y una parte trasera, con un circuito hecho de transistores que controla cada pixel individual que compone la exposición.

Cada pixel necesita un circuito, hecho de transistores, detrás de él, para conectarlo. Para hacer el papel electrónico, los transistores tienen que fabricarse en un substrato muy delgado y flexible. Variará dependiendo de la modalidad de su uso, dependiendo si es para una tarjeta de presentación o para una pantalla de ordenador

Las páginas electrónicas podrán situarse en la parte trasera de un computador, y los usuarios podrán descargarse presentaciones a los e-papers, para luego utilizarlos físicamente como si se tratara de un libro o un periódico.

La teoría del funcionamiento de este papel es bastante sencilla, pero llevarla a la práctica es el reto que debieron enfrentar los científicos que lo desarrollaron. En realidad, este papel no se impregna de tinta para formar imágenes, sino que la «tinta» la trae incluída: son millones de pequeñas esferas que se encuentran en el centro del papel que están polarizadas y pintadas de blanco y negro en cada mitad, al recibir un pulso eléctrico de cierta polaridad, se ordenan para mostrar la mitad negra o la mitad blanca según se desee, una vez que la energía se desconecta, las esferas permanecen en sus posiciones sin alterar la imágen. Además, la imágen se sigue viendo como en un papel común sin importar el águlo en el que se mire, a diferencia de las pantallas de cristal líquido.

Las aplicaciones de esta tecnología son muchísimas, van desde libros electrónicos hasta camuflajes inteligentes para los militares pasando por letreros electrónicos en las carreteras, pantallas para teléfonos celulares, computadores y televisores de alta definición que se podrán enrollar y desenrollar para ponerlos en la pared de nuestro salon y con mínimo consumo de energía, papeles murales inteligentes para redecorar el hogar con sólo cargar el nuevo diseño en el papel e incluso usar este papel en los muros para hacer pantallas de televisión en cualquier lugar. Las posibilidades son casi infinitas. Ahora solo queda esperar.

Más información:
*El papel electrónico, más cerca de ser una realidad
*El libro inicia su revolución con el papel electrónico (El Pais, Mayo 2001)
*El nuevo papel del papel
*Papel electrónico: Color y Movimiento
*Hitachi predice papel electrónico en el mercado para el 2006
*El papel electrónico está a las puertas

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Fernando Santamaría González Soy un investigador y formador en espacios online. Trabajando e investigando en temas de aprendizaje emergente. Fernando Santamaría González